CASA DANIEL
Cerca de las 12 llegaron a la calle en que vivía Daniel, en una parte de la ciudad desconocida para Sol. Los altos muros de las casas se alzaban opacos y llenos de silencio. El olor del mar se adhería a ellos con un regusto de podredumbre. Le pareció que en el cielo, en el estrecho y largo cielo aprisionado, había un tinte lúgubre, como de presagio. […]
Eduardo entró en la habitación indicada. Era una pieza pequeña con una ventana al patio. En una cama de hierro negro yacía Daniel, vestido, con una bufanda al cuello. La ventana estaba cerrada. Un olor peculiar y la espesura de la atmósfera daban a entender que aquella pieza no era ventilada con frecuencia.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada